Como cada mañana llegué con los ojos pegados al trabajo, pero ese día un maullido diferente me iba a despertar e golpe. Sonaba a estoy aquííí. Tardé un rato en darme cuenta que provenía de un flamante BMW aparcado justo en la puerta de la clínica. La voz era de un mini-minino que había cometido la imprudencia de esconderse dentro del motor del coche, sin acceso posible desde el exterior. Ante la evidencia de que no podía convencer a un gato con buenas palabras, escribí una nota tamaño Din A3 y la anclé al parabrisas:
“POR FAVOR, ANTES DE ARRANCAR EL COCHE PREGUNTE EN LA CLINICA VETERINARIA, GRACIAS.”
Al rato escuché el ruido de un motor y me asomé sólo para darme cuenta de que mi nota estaba hecha un burruño en el suelo y de que el coche ya no estaba. Agité las manos en un último gesto de impotencia sin obtener resultado. A partir de ahora en el flamante BMW viajarán el cerdo del conductor y el ADN de un mini-minino que solo podrá ser reconocido por los miembros del CSI.
Está claro que la curiosidad mata al gato y que la falta de curiosidad es lo que hace animales a los seres humanos. Me pregunto cuanto cuesta reparar el motor de un BMW…
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