<<- Escribe algo bonito - le pidió.
- No se escribir bonito, sólo improviso.
- Vale, entonces improvisa algo - contestó.
- Dejamé que lo piense. >>
Empujó la puerta metálica que continuaba abierta. No recordaba que pesase tanto, se dijo. En silencio, como si no hubiese invitación de por medio, subió con pasos felinos las escaleras dejando el verde a su espalda. Dudó por un instante en retroceder, pero estaba segura que se arrepentiría. Sabía que lo encontraría allí, puesto que allí era donde lo había dejado. Se apoyó en el pomo y abrió despacio. Entró sabiendo que no podía ser vista, pero con el miedo de ser percibida. Se situó a su espalda y lo observó por unos segundos, sonriendo de cerca. Lo conocido le era extraño ahora y había inseguridad en cada paso de mano, temblorosa. Lo tocó suavemente, casi percibiendo su tacto y fue bajando. A pesar de no estar allí notó que la piel de su cuello se erizaba.
Se había introducido en sus sueños siguiendo el cordón azul, saltándose las normas. El castigo llegaría tarde o temprano.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada