Siempre había pensado que lo que invalidaba a los obreros de la construcción para trabajar por las tardes era el famoso carajillo, seguido de la cervecita en el bar y el vino en la comida y terminando con el orujillo para hacer la digestión. Como tantas otras veces estaba equivocada y he tenido que vivirlo en mis carnes para darme cuenta. Y es que después de una fabada de escándalo no se puede trabajar con una máquina en la mano, cargada y peligrosa.
Todo empieza con la colocación de un simple halógeno y una explosión al poner el cable de la red en la entrada de 12v. Bueno, me digo, no es tan grave, aún podemos usar el viejo truco de la devolución, ya que no se aprecian daños externos (sólo en mi ego). Pero el estallido ha debido aflojar los tornillos y todo el sistema luminario cae al suelo de manera extrepitosa. Bombilla chascada y carcasa abollada, vamos que eso no se lo traga ni la de atención al cliente del Leroy. Nooo pasa nada, total estaba en oferta, vamos a colgar el espejo. Y resulta que el azulejo es duro de cullons, pero frágil en el fondo (o que no tiene masilla en las esquinas), pero se parte al primer agujero. Al final haces el apaño para que no resulte tan torcido como te temías. Ahora vamos con las luces. Os juro que las paredes se mueven a esas horas. Tomas medidas, haces las marcas, pero te sobra 1 cm y se ve el cable. Cuando por fin terminas de cuadrarlo todo, las luces no lucen, así que no ya no hay excusa para no volver al LM. Decides que es el momento de dejarlo y mientras recoges la que has montado, las 3 bombillas que estaban en su cajita reposando encima la escalera, se precipitan al vacío. Ya puedes decir que eres una chapuzas en toda regla.
Moraleja: Una B&D es igual que una de marca blanca, pero no es lo mismo y si haces bricolaje vespertino echate la siesta primero.
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