06 marzo 2008

A-Polite

Pasó un jueves de hace 4 años. Estaba trabajando y me desperté sobre las 8 y media. Había tenido la suerte de tener una noche tranquila. Preparé el café y encendí la televisión para ver que se contaban las noticias, mi breve contacto matutino con la actualidad. Todo mi cuerpo se puso a temblar. Caos informativo y caos en mi mente. Ni siquiera pensé que era demasiado pronto, sólo necesitaba oír la voz que me confirmase que no estaba allí. Después de eso sólo recuerdo mis ojos húmedos durante días, cada vez que pensaba en lo que había sucedido, en el egoísmo de eso segundos de angustia, en lo aleatorio de la situación. Aún me estremezco cuando paso por la estación de Atocha.

Han pasado 4 años y la memoria histórica se ha difuminado. Mi contacto con la actualidad es efímero y se circunscribe a las conversaciones que oigo a mi alrededor. Casi todos sabemos que la información que nos dan está sesgada y manipulada, pero parece que lo olvidamos cuando hay elecciones. Lo que pasó los días siguientes a aquel jueves de hace 4 años me confirmó que la democracia es algo tan voluble como los impulsos de las personas. El gobierno de un país cambió gracias a ese impulso. No se nada de política y aunque me joda reconocerlo tampoco me interesa, aunque sea consciente de la importancia de poder elegir. No se a quien voy a votar, no se nada sobre la famosa niña, ni me interesan los debates pactados, ni el te acuerdas cuando. Me siento tan fuera de todo esto que la noche pasada cuando Eva H dijo que ya había ganador de las elecciones, refiriéndose a las de la conferencia episcopal, pensé que se me había olvidado ir a votar.