Hay años importantes en la vida de cualquier persona, y en el momento del ocaso de cada uno de esos años, es tiempo de escuchar lo que hemos aprendido. No se trata de hacer propósitos de año nuevo, ni siquiera de hacer una catarsis del año que se va. Sea bueno o malo, ese año que deja marca y que hace ruido, nos debería servir para agudizar el oído y los otros sentidos, y poder así asimilar lo que hemos aprendido.
El 2011 empezó para mi de manera, digamos, abrupta. No recuerdo los primeros 20 días del año, supongo que no fueron relevantes en comparación a lo que me esperaba. Mi primer recuerdo fue un impacto que sonó literalmente dentro de mí, sentí como me rompía por dentro. Sentí cada una de las 7 costillas rotas, como mi brazo derecho quedaba hecho añicos y como mi respiración taquipneieca me impedía no sólo respirar, si no decir con palabras lo que intentaba expresar con mis ojos. Voy a estar bien y gracias por seguir ahí.
El médico de la UCI dijo que me podían haber matado o que me podía haber muerto, no hay diferencia. Pero a pesar del dolor, dentro de mi el sonido era calmado, como si las ondas se hubieran vuelto armónicas. Sentí a mi lado a las personas mas importantes de mi círculo, como siempre, y a otras mas lejanas y que no esperaba, también como siempre.
Después vino la espera, la incertidumbre, el no saber que mata un poco cada día y que puso la nota discordante en esos momentos en lo que necesitaba era estar en silencio, para recuperar fuerzas. Finalmente sucedió de lo que ya sabía y había olvidado, que el cuerpo que es una máquina casi perfecta, empezó a repararse poco a poco, con tiempo y con la ayuda inestimable del bricolaje quirúrgico.
Antes de que la recuperación fuera total, otro suceso alteró la melodía que estaba casi conseguida. Ni como persona ni como trabajadora estaba preparada para asimilar que, el esfuerzo y profesionalidad de años, no servían de nada cuando la palabra crisis aparece en la cuenta corriente de tu empleador. El sueldo en negro no ayudó, nunca ayuda. Tampoco la afirmación de que eras la persona mas completa que había trabajado en su negocio.
Es eso, un negocio. Así hay que verlo, aunque remueva y revuelva. La crisis profesional recurrente debida a la falta de fe en el colectivo veterinario ha vuelto, y por ahora no he conseguido disiparla.
Y por el camino otros sucesos han alterado también la linea oscilante de este año. Ha habido de todo un poco, como otros años, personas que han desaparecido y otras que han aparecido o que aparecerán, separaciones y uniones, enfermedades y curaciones, conflictos y soluciones, etc.
La mayoría de estas cosas han hecho que tenga ganas de que acabe el año, y aunque soy consciente de que ese final está sólo marcado por una temporalidad socialmente impuesta, también se que al cerrar subjetivamente un ciclo, el cerebro va atenuando poco a poco los malos momentos pasados, quedándose con lo positivo.
Así que a falta de horas para que esto ocurra, espero que el ciclo nuevo nos haga acariciar el nuevo año.